Hola, mi nombre es Edwin Zúñiga, aunque en el mundo de la impresión 3D y las minis casi nadie me llama así. La mayoría me conoce como Torake… o como “dalto” en la comunidad (con cariño, obvio 😂). Llevo casi cinco años metido en esta aventura de la impresión 3D, y si algo he aprendido es que imprimir minis es fácil comparado con… pintarlas.
Porque sí: pintar minis puede ser magia… pero también puede ser estrés puro, sobre todo cuando tenés esa sensación de “voy a arruinarla” antes de tocar la figura con el pincel.

Cómo empezó todo: D&D, resina y miedo al pincel
Yo empecé en esto con mis amigos, porque nos encantan los juegos de mesa, especialmente Dungeons & Dragons. Ya cuando estábamos imprimiendo en resina, ver las minis grises y perfectas nos hacía pensar: “qué chiva se verían pintadas”.
Pero en la vida real, la conversación siempre terminaba igual:
“Mae… ¿y si la pinto y queda horrible?”
“Mejor no.”
“Mejor la dejamos así.”
Era como tener el pincel y al mismo tiempo tener pánico al pincel.
En ese tiempo, Super Momo estaba pintando cuadros, y se nos prendió el bombillo: ¿y si ella nos pinta las minis? Se apuntó… y el resultado fue brutal. También otro compita artista nos ayudó y hasta nos prestó sets de Army Painter para intentar nuestras primeras minis.
Y ahí pasó algo curioso: pinté algo sencillo, sin nada extravagante, lo más básico posible… pero igual me sentí orgulloso.
(Con un gran “pero”… del que ya hablare luego).
Figura de momo:
Nuestras primeras figuras:
El gran pero: cuando los colores se vuelven un acertijo
Después de ese primer impulso, yo dije: “diay, ya. Voy en serio”. Sin saber nada del hobby, Mari me recomendó comprar los tres colores primarios, más blanco y negro. Compré pinturas DecoArt, un pack de pinceles de mil colones y me mandé como quien aprende a nadar tirándose al río.
El primer intento fue un orco y… honestamente, no quedó tan mal. Yo estaba motivadísimo. Hasta que vi que tenía un cigarro y en mi cabeza dije:
“Sería cool pintarlo encendido”.
Entonces lo pinté… y todo el mundo se rió porque lo pinté verde. 🥲
Ese fue el momento donde me cayó el balde de realidad.
Porque aquí entra el plot twist: soy daltónico. No es que vea en blanco y negro ni nada por el estilo… pero hay tonos que se me confunden, y el problema más grande no era solo pintar: era elegir colores y mezclarlos.
Con Army Painter, al menos, se me hacía “más fácil” decidir, porque los tarros venían con nombres claros. Pero cuando me tocaba mezclar o perseguir un color específico… yo podía estar mezclando “algo” y jurar que iba bien, y de pronto el resultado era otro planeta.
Eso se hizo frustrante. Mucho.
Y con el tiempo, lo dejé de intentar.


Un par de años después, Momo y Yei conocieron a Astorga y me contaron de las clases. Yo ya llevaba tiempo admirando cómo algunos pintores hacían que todo se viera “fácil”, como si la mini se pintara sola. Y decidí intentarlo de nuevo, pero esta vez diferente:
Compré mejores pinturas.
Me conseguí pinceles decentes.
Y empecé a aprender con guía, no solo a puro “a ver qué pasa”.
Y ahí fue donde se prendió la chispa de verdad.
Por primera vez, sentí que podía lograr un acabado decente. No perfecto, pero decente de verdad. Muchísimo mejor que lo que había hecho antes. Y lo más importante: me quité el miedo.
Aprendí técnicas, formas de trabajar, y empecé a entender que pintar minis no era “talento o nada”, sino proceso: capas, control, paciencia, práctica… y aceptar que la mini a veces manda.
Mi setup:

Mi estilo sin querer queriendo: el contraste como mi “punch”

Algo que me ha pasado, según mi maestro (y ojo: no le gusta que le digan profe 😄), es que a veces pinto minis muy contrastadas. Él dice que ese contraste se volvió como mi sello, mi “punch”.
Y siendo honesto… muchas veces es sin querer queriendo.
A mí me gusta que la mini tenga “wow”, que tenga detalles que destaquen. Pero también es que, por mi condición, si no marco bien luces y sombras, yo no lo noto igual. Para mí no se ve sobresaturado… para mí se ve “ahí está, ahora sí lo entiendo”.
Es mi manera de leer la miniatura.

ChatGPT: mi compinche moderno (pero el pincel lo agarro yo)
Hoy en día, mi compañero más fiel es ChatGPT. Y lo digo sin pena. Como mi problema con los colores sigue ahí (aunque mucho más manejable), ChatGPT me ayuda con algo clave:
los colores sigue ahí (aunque mucho más manejable), ChatGPT me ayuda con algo clave:
-
Me dice qué colores mezclar para acercarme a un tono específico.
-
Me ayuda a armar una idea de cómo podría verse una mini.
-
Me da guía cuando tengo la cabeza llena de ideas pero no sé por dónde empezar.
No siempre lo logro, obvio. A veces la guía es buena y yo igual no llego al color exacto. Pero ahora ya no lo vivo como derrota. Ahora es más como:
“Ok, este color no fue el que quería… pero se ve bonito así. Vamos con eso.”
Y eso, para mí, fue un cambio gigante.
Ejemplo esta foto hecha con IA:
Mi trabajo final:
Mi mayor reto hasta hoy: la Wila Azteca (Aztorcahuatl) sin ayuda
Hace poco tuve el mayor reto hasta la fecha: el concurso del Aztorcahuatl, o como le decimos: la Wila Azteca.
Ahí intenté aplicar todo lo que había aprendido. Pero además me puse una regla personal: hacerlo todo sin ayuda de ChatGPT.
Quería probarme a mí mismo si lo aprendido había servido, si de verdad había subido de nivel, y también medir un poquito mi trabajo con el de mis compañeros… que son unos cracks..
Y cuando terminé, me sentí satisfecho. No porque fuera perfecto, sino porque fue mío. Fue mi proceso, mi ojo, mi paciencia. Y ahí entendí algo:
Ser daltónico no me quitó el hobby.
Solo me obligó a inventar mi propia manera de pintarlo.
Foto del proceso:

Foto final de mi trabajo:
Si vos también pintás y te cuesta el color…
Si yo pudiera decirle algo a alguien que está empezando (daltónico o no), sería esto: no te compares con el resultado final de otros. Compárate con tu versión de hace un mes.
La pintura no es solo color: es decisión, paciencia, técnica, y aprender a disfrutar el camino, incluso cuando un cigarro te queda verde.
Y si algún día te da miedo empezar, acordate:
la mini no se arruina por pintar… se queda sin historia por no intentarlo.